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lunes, 28 de febrero de 2011

Ponernos en marcha

Cuando nos ponemos en marcha sabemos de donde venimos, pero no a donde vamos. Viajar siempre es desprenderse de la vida cotidiana y salir en busca de algo distinto de lo que somos. Cuando además viajamos en compañía de nuestros compañeros y amigos, el viaje se convierte en oportunidad mágica con la que descubrir más y mejor con quién nos estamos jugando los cuartos.

No nos parecía que aquel a quien creíamos conocer, fuese tan caprichoso, o tan lento en la ducha, o tan maniático a la hora de dormir, tampoco pensaba que esa persona fuese capaz de mantener una conversación mínimamente interesante, ni que ese tan callado en clase tuviera tanta chispa, o que el otro fuese tan detallista en las cosas pequeñas y cotidianas del día a día.

Sí, viajar es un gran experimento. En las horas que se alargan una tras otra se van desgranando un sinfín de detalles que labran una imagen mucho más real de lo que somos y de lo que son aquellos a los que tenemos cerca.

Así es cómo cuando pienso en París, no pienso en la maravillosa ciudad que es, en los Campos Elíseos, ni en las Tullerías, la Torre Eiffel, el Louvre, o el Arco del Triunfo, tampoco en el café sentado en la terraza de cualquier bar de Saint Germain, ni en el romántico atardecer desde la colina del Sacre Coeur. Cuando pienso en París, sólo lo puedo pensar con las caras de mis alumnos dibujándose en cualquiera de esos escenarios, con vuestras risas, vuestras quejas, vuestros gritos, vuestras fotos, vuestras preguntas, vuestras palabras, vuestros enfados, vuestras dudas, vuestros dolores, vuestros amores, vuestras bromas, vuestros miedos, vuestros despistes, vuestros bostezos, vuestra cercanía, vuestro ir y venir. Vuestra vida dando vida a la ciudad.

Sólo así París es más que París, sólo así nuestro destino deja de ser destino y se convierte en experiencia vivida con otros, sólo así viajar es más que ir, llegar y ver, sólo así viajar es una forma, quizá de las más intensas que halla, de decirse conjuntamente, de sellar lazos, que aunque no se digan con la voz, se dicen con el sentir, sólo así cuando volvemos, lo hacemos con otra cara y con otro espíritu, con ese aire común del que piensa, yo estuve allí, sólo así cuando volvemos sabemos que ya no podemos olvidar, porque forma parte de nosotros, forma parte de nuestra memoria. De nuestra memoria compartida.

Así ha sido estos años y así esperamos todos que siga siendo. ¡Ánimo empieza la aventura!

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